CASO DE ÉXITO | Gran Museo Egipcio: el proyecto de luz de una obra monumental

museo egipcio

Desgranamos las claves del diseño lumínico de uno de los desarrollos museográficos más ambiciosos a nivel internacional, a partir del testimonio de responsables de Avanzia, Vancram y ACCIONA Cultura


* Este artículo está incluido en el número de enero de AV INTEGRACIÓN. Puedes acceder a la revista completa aquí.

Por Daniel Esparza

El proyecto de iluminación museográfica del Gran Museo Egipcio es, para quienes han participado en él, algo más que una obra de gran escala. Es un proyecto de largo recorrido, alta complejidad técnica y una gran exigencia en términos de coordinación, control y precisión. Un reto que ha unido a empresas como ACCIONA Cultura, Vancram y Avanzia en uno de los desarrollos museográficos más ambiciosos a nivel internacional. AV INTEGRACIÓN ha contactado con responsables de las tres compañías para recoger su testimonio y desgranar las principales claves del proyecto.

ACCIONA Cultura se adjudicó, a través de un concurso internacional licitado en Egipto, la fase inicial del museo, que incluía las dos galerías dedicadas al tesoro de Tutankamón, la Gran Escalera, el vestíbulo de acceso y la galería infantil, tal y como relata Manuel Fernández, Director Global de Operaciones de la compañía.

A partir de ahí, el proyecto fue evolucionando y ampliándose mediante la incorporación de socios especializados que permitieran resolver algunos de los mayores desafíos técnicos y económicos.

De un pliego complejo a un proyecto ejecutable

La llegada de Vancram al proyecto fue casi fortuita. Según explica, Pierluigi Grassia de Vancram (Lighting manager en este proyecto), el encargo surgió cuando una persona implicada en el desarrollo inicial acudió a su estudio en busca de ayuda ante un pliego que, aunque solvente técnicamente, resultaba difícil de encajar desde el punto de vista económico. El reto no era tanto conceptual como de viabilidad real.

En paralelo, Avanzia se incorporó para resolver una de las partes más delicadas del proyecto, el control de la iluminación. Así lo explica Luis Boado, project manager de la compañía. La empresa inicialmente seleccionada no logró ofrecer una solución eficaz, lo que llevó a buscar una alternativa que pudiera asumir un sistema de control complejo y distribuido. La colaboración previa entre Vancram y Avanzia en otros proyectos facilitó una integración rápida y eficaz.

Raúl Gargallo, director de Ingeniería e Innovación de Avanzia, asumió la supervisión técnica del proyecto, mientras que Jorge Ontalba, director de Relaciones Institucionales, Marketing y Comunicación de la compañía, lideró la coordinación entre todas las partes implicadas.

El gran desafío: el cielo estrellado

Si hay un elemento que concentra la complejidad técnica y simbólica del proyecto, ese es el conocido como cielo estrellado. Se trata de una gran malla suspendida de cobre, de 140 metros de longitud y seis metros de ancho, que recorre toda la galería principal dedicada a Tutankamón.

El objetivo era recrear una iluminación muy sutil, inspirada en el movimiento de la arena del desierto, con destellos que evocan el paso del viento. Para lograrlo, se instalaron 994 pequeños proyectores, cada uno con el relativo canal de control DMX, todos ellos programados, que generan un movimiento continuo a lo largo del espacio.

La limitación de poder usar un solo universo DMX obligó a dividir el sistema en tres grandes secciones que repiten el mismo patrón de movimiento, desplazado a lo largo de la galería, de modo que el visitante no percibe la repetición. A ello se sumaron importantes retos estructurales y de cableado, resueltos mediante el uso de DMX inalámbrico, imprescindible en una zona con alturas que oscilan entre los 10 y los 16 metros y con un acceso muy limitado.

Integración total: iluminación, audiovisual y mobiliario

Más allá del cielo estrellado, el proyecto exigía una integración completa entre iluminación, audiovisual, electricidad y diseño de mobiliario. Elementos como la gran maqueta del Valle de los Reyes, una pieza de cinco por cinco metros realizada en piedra, combinan iluminación puntual y contenidos de vídeo sincronizados para explicar la ubicación de las tumbas y contextualizar el relato histórico.

Otro de los hitos del proyecto es Dressing the King, una instalación que permite descubrir, capa a capa, las joyas que envolvían la momia de Tutankamón. El sistema se compone de 16 capas de metacrilato iluminadas lateralmente, cuyo diseño tuvo que ser revisado y ajustado tras las pruebas iniciales para garantizar una correcta comprensión visual del conjunto.

En este contexto, la coordinación fue clave. Según explica Luis Boado, (Avanzia), “el equipamiento audiovisual tiende a quedar oculto: los marcos de las pantallas no deben verse, todo tiene que encajar al milímetro. Eso implica una coordinación muy precisa de estructuras, vidrios y soportes. Al final, éramos los últimos responsables del resultado global”.

Un sistema de control a escala de museo

El museo cuenta con un sistema de control centralizado que permite gestionar de forma programada o manual el encendido y apagado de todas las experiencias. Este sistema posibilita la creación de distintos “modos de museo”, adaptados a eventos, cócteles, mantenimiento o escenas específicas no previstas inicialmente.

La solución desarrollada por Avanzia integra distintos protocolos —desde fibra óptica hasta KNX o Modbus— y centraliza el control en una sala específica, ubicada a considerable distancia física de algunas de las galerías, lo que añadió complejidad a la infraestructura de comunicaciones y datos.

Tecnología al servicio del relato

El resultado final transforma por completo la experiencia del visitante, tal y como pone en valor Luis Boado (Avanzia). Frente a la exposición tradicional del tesoro de Tutankamón en el antiguo museo egipcio, el nuevo planteamiento museográfico permite contextualizar las piezas, explicar su origen y construir un relato didáctico apoyado en iluminación, gráfica y contenidos audiovisuales.

La tecnología no sustituye al objeto, sino que lo acompaña. Como señalan los propios responsables del proyecto, el verdadero protagonista sigue siendo el ajuar funerario de Tutankamón. “Nuestro trabajo —iluminación y elementos audiovisuales— rodea algo que es, en sí mismo, una auténtica grandiosidad: la joya que es Tutankamón y su ajuar”, subraya Pierluigi Grassia (Vancram).

Balance del proyecto

Con plazos que se han extendido desde 2018 hasta 2023, y una apertura que se ha hecho esperar otros dos años más, el Gran Museo Egipcio ha sido para muchos de sus protagonistas “el proyecto de una vida”. Así lo expresa Pierluigi Grassia, quien subraya el impacto profesional y personal de esta experiencia: “Llevo trabajando desde 1983 y he visto muchas cosas, pero este proyecto me ha enseñado a hacer value engineering, a reducir costes, racionalizar soluciones y, sobre todo, a pensar no solo en iluminación, sino en logística, economía y control”.

Grassia destaca además el nivel de exigencia al que se ha visto sometido el equipo durante todo el desarrollo del proyecto: “Aprender a trabajar con un Project Manager que exige documentación constante —informes, planos, justificaciones— ha sido un cambio enorme respecto a otros museos. Aquí cada decisión pasaba por decenas de personas, hasta el Ministerio de Cultura de Egipto. No puedes improvisar nada”.

Desde el punto de vista de ACCIONA Cultura, Manuel Fernández pone en valor la dimensión histórica y simbólica del proyecto: “Para nosotros ha sido un orgullo enorme participar en un proyecto así. A nivel internacional no hay un museo comparable por contenido histórico y cultural. Hemos desarrollado otros proyectos muy relevantes, como el Museo Zayed en Abu Dhabi con el equipo de Foster, pero este será, sin duda, nuestro proyecto estrella”.

Por su parte, Luis Boado, de Avanzia, destaca la complejidad organizativa y los condicionantes externos que marcaron la ejecución: “Desde el punto de vista de la coordinación, fue un trabajo inmenso, con un control burocrático muy estricto. Durante la ejecución coincidió el covid y, además, el bloqueo del canal de Suez, lo que añadió retrasos. Aun así, ha sido una experiencia muy gratificante. Es un museo que deja huella, y poder verlo de cerca impresiona”.

Como broche final, Grassia comparte una nota personal que ilustra con claridad la envergadura y significado del proyecto: “Este proyecto me ha marcado tanto que me hice un tatuaje con el cartucho de Tutankamón. Me prometí que, si salía vivo de esta, me lo haría… y cumplí”.

El entorno rústico
La Iglesia All Saint